Prisa y Telefónica formalizaban hace exactamente once años el acuerdo de compraventa del 56% de las acciones de DTS, la plataforma de televisión de pago de Canal+ que controlaba Prisa, y como resultado de la operación Telefónica se hacía con el 100% de las acciones de DTS, una vez obtenidas las pertinentes autorizaciones regulatorias.
El pago inicial de la compraventa ascendía a 706.812.204,4 euros. El 1 de mayo de 2015 Prisa recibía de Telefónica 565.449.763,50 euros, correspondientes al 80% del precio anterior.
Completada ya la venta de DTS, Prisa aseguraba que se centraría «en el negocio de la educación y la información, con especial foco en el crecimiento en América Latina, así como en continuar con su política de reducción de deuda y reforzamiento de su balance».
Ese movimiento marcó el arranque de Movistar+, la actual marca de televisión de pago y contenidos de Telefónica en España, y abrió una década de transformación profunda en el panorama audiovisual.

De Canal+ a Movistar+
Canal+ llegó a España en 1990 como canal de pago pionero y se convirtió en símbolo de la televisión de suscripción antes de Netflix, con paquetes premium de cine y deportes.
Tras la fusión de Vía Digital y Canal Satélite Digital en 2003, la plataforma se rebautizó como Digital+ y, en 2011, como Canal+, consolidando su liderazgo en el satélite.
La compra por Telefónica en 2015 permitió integrar Canal+ con Movistar TV y nacer así la nueva plataforma Movistar+, que se lanzó el 7‑8 de julio de 2015, con nueva oferta, paquetes y el servicio multipantalla Yomvi.
La marca Canal+ pasó a ser un canal (y luego varios de ellos) dentro de la estructura, mientras Movistar+ se convertía en la marca comercial global de la televisión de pago del grupo.

Los primeros años de Movistar+ (2015–2018)
En los primeros años, la estrategia fue clara: vender televisión de pago dentro de los paquetes Fusión, aprovechando la integración de fijo, móvil e Internet. Movistar+ se posicionó como “bundling” premium, con líneas del tipo Fusión Plus en las que incluir contenidos como deportes, cine y series de Canal+ bajo una sola cuota.
La plataforma sumó cuotas millonarias en video‑on‑demand y en 2018 alcanzó un máximo de cerca de 4 millones de abonados, consolidando su papel como referente doméstico de televisión de pago.
En ese periodo, la compra de Canal+ se vio como un acierto estratégico: Telefónica se quedaba con el contenido premium más fuerte del mercado (especialmente en deportes y cine) y lo integraba en su oferta convergente.
Presión de la competencia y pérdida de impulso (2019–2022)
Desde 2019 el escenario cambió rápidamente. La explosión de Netflix, Amazon Prime Video, Disney+ y servicios de streaming lineales como Orange TV y DAZN empezó a erosionar el modelo de televisión de pago tradicional.
Movistar+ se vio obligada a competir con paquetes más ligeros, menores precios y modelos más flexibles, algo para lo que su estructura de cuotas anuales y paquetes grandes estaba menos diseñada.
El resultado fue un descenso progresivo de clientes: desde el pico de 2018, en los años siguientes se perdieron varios cientos de miles de abonados, y en 2022 se hablaba de más de 200.000 usuarios menos en un solo ejercicio. El negocio de televisión de pago, que había justificado la inversión de unos 750 millones en Canal+, dejó de ser motor de crecimiento y se convirtió en un activo con presión para rentabilizar.

Movistar+ hoy: reinventarse para sobrevivir (2023–2026)
En los últimos años, Movistar+ ha buscado reposicionarse como marca de contenidos dentro del ecosistema de Telefónica, más allá de la mera televisión satélite o IPTV tradicional.
La apuesta se ha orientado a reforzar su oferta de deportes (Fútbol, Fórmula 1, MotoGP), cine y series propias o de Canal+, mientras va acomodando un modelo de consumo más orientado a la nube y a la app, con la intención de mimetizarse mejor con el streaming.
Sin embargo, la competencia sigue siendo brutal: paquetes de DAZN, Movistar+ Fútbol, Vodafone TV, Amazon Prime, Disney+ y Netflix se reparten audiencias y licencias, y el usuario cada vez menos dispuesto a pagar por una sola “burra” de contenidos.
Telefónica ha explorado incluso la venta o desprenderse de parte del negocio de Movistar+, lo que refleja que la línea punta de la televisión tradicional ya no se ve como el futuro, sino como un activo que necesita integrarse con flexibilidad en el ecosistema OTT.

Balance de estos 11 años
Como compra: la adquisición de Canal+ le dio a Telefónica el contenido premium más sólido de España en 2015, pero hoy se ve que el precio (700+ millones) fue muy alto para un mercado que evolucionó más rápido hacia el streaming.
Como integración: crear Movistar+ permitió unificar la marca de televisión y aprovechar la fuerza de Canal+ en contenidos, pero sin lograr escapar del todo de la inercia de la TV de pago tradicional.
Como modelo: los primeros años brillaron por crecimiento y bundling; los últimos por presión competitiva, pérdida de clientes y reinvención hacia un mix TV‑OTT más flexible.
Hoy, 11 años después, Movistar+ es menos un ‘cable’ que un contenido dentro de una telco: el legado de Canal+ sigue vivo, pero el reto es demostrar que todavía tiene hueco entre tantos clicks, apps y plataformas de streaming.
